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Crowdfunding o financiación colectiva PDF Stampa E-mail
Scritto da Jaime Sz-Carpintero   
 

Con la ayuda de todos

En tiempos de crisis, buscar financiación para los proyectos sociales es cada vez más complicado. Con frecuencia topamos con empresas, instituciones, particulares o fundaciones que antes colaboraban regularmente y que ahora no pueden dar una aportación económica relevante.

Sin embargo, hay diferentes modos de conseguir financiación y nos queremos fijar en uno que se está poniendo de moda en sectores como la música o el cine y que, tal vez, pueda servirnos para un proyecto social que vayamos a poner en marcha. Se trata del “crowdfunding” o “financiación colectiva” o “financación en masa”.

Antecedentes

La idea no es nueva. Se trata de crear una red de colaboradores que, con pequeñas aportaciones financian iniciativas de otras personas. Básicamente proviene de los conceptos de donaciones y de microcréditos, con la particularidad de que se aprovecha de Internet para captar a los colaboradores y facilitar sus aportaciones económicas.

A principios del siglo XXI, unos productores franceses lanzaron una campaña de crowdfunding para poder financiar su película. Gracias a las pequeñas aportaciones de muchas personas, consiguieron una suma importante en menos de un mes. Desde entonces han sido muchas las películas que han salido adelante de este modo, lo mismo que discos de artistas que comenzaban su carrera musical.

Ventajas del crowdfunding

El crowdfunding, tal y como está concebido actualmente, tiene varias características que pueden ser muy beneficiosas para cualquier proyecto social que necesite financiación.

En primer lugar, es un recurso que sirve para financiar cualquier tipo de proyecto. En Internet podemos encontrar páginas web de financiación colectiva en la que se solicitan colaboradores para una gran variedad de proyectos: investigación, creación de empresas, arte, tecnología, viajes… Y las cantidades que se solicitan pueden ser desde muy pequeñas –como unos estadounidenses que piden 200 dólares para crear un videojuego educativo– hasta las más grandes.

En segundo lugar, permiten aportaciones muy flexibles, según las posibilidades y los intereses de cada colaborador. Hay proyectos en los que la aportación mínima es de 2 euros, una cifra más que asequible para cualquiera que quiera participar. En la mayoría de los casos, los solicitantes suelen ofrecer algo a cambio. En el caso de la película francesa antes citada, todos los nombres de las personas que colaboraron aparecieron en los créditos finales. En otros casos se envían fotografías, discos o libros dedicados, placas conmemorativas, etc. Además, con Internet, el pago de la aportación es bastante sencillo.

En tercer lugar, los proyectos de crowdfunding suelen comprometerse a devolver el dinero en caso de que no se alcance la cifra necesaria para sacar adelante el proyecto. En muchos casos se consigue más dinero del que se solicitaba inicialmente, pero en otros no se consigue todo lo necesario y se devuelven todas las aportaciones que haya habido.

En cuarto lugar, los proyectos tienen fecha límite para recibir aportaciones. Lejos de ser un inconveniente, una fecha tan concreta contribuye a que las aportaciones se realicen pronto y a que no se pierda el interés por un proyecto.

Normalmente las páginas web de crowdfunding incluyen en cada proyecto datos como los días que faltan para que acabe el periodo de financiación, cuántas personas están participando, cuánto dinero ha conseguido el proyecto, qué porcentaje se ha conseguido financiar en cada momento, etc. Unas estadísticas que bien pueden ayudar a que más gente colabore. Un ejemplo: si a un proyecto interesante le faltaran 20 euros para completar su financiación y el plazo terminara mañana… ¿no estaríamos tentados de aportar nosotros lo que falta?

Por último, al estar basado en Internet, los proyectos pueden ser fácilmente publicitados y dados a conocer. De este modo es más sencillo llegar a gente que ni conocemos. También es más transparente: todos saben lo que pedimos y en qué queremos gastarlo. Y además es más responsable, pues de algún modo se “rinden cuentas” ante los colaboradres.

Dónde acudir

Actualmente, hay diversas páginas web que ofrecen el sistema del crowdfunding para conseguir financiar diferentes proyectos en las que podemos incluir el nuestro. Nos sorprenderá la cantidad de ideas que reciben financiación y que interesan a la gente.

En España, por ejemplo, existen varias páginas de este tipo que podemos consultar e incluir nuestros proyectos. Una de ellas es Verkami (www.verkami.com). Otra página similar es Lanzanos (www.lanzanos.com). En esta página disponen de toda una sección dedicada a proyectos de solidaridad. En Italia podemos visitar Eppela (http://www.eppela.com). Y en América Latina encontramos páginas como Ideame (http://idea.me/), o la popular página de financación colectiva nacida en Argentina BananaCash (http://www.bananacash.com.ar/).

Estas páginas se basan fundamentalmente en otra más conocida procedente de Estados Unidos: Kickstarter (www.kickstarter.com). Esta página, muy completa y fácil de navegar, incluye todo tipo de información sobre los proyectos y los clasifica por categorías, tamaño, fecha de vencimiento, popularidad, etc.

Parecidas a Kickstarter hay otros portales web, algunos incluso especializados en una categoría de proyectos en concreto, como el arte o la creación de negocios, por ejemplo. Algunas de estas páginas son: Quirky (http://www.quirky.com), RocketHub (http://www.rockethub.com), FundBreak (http://www.fundbreak.com.au), IndieGoGo (http://www.indiegogo.com), FansNextDoor (http://en.fansnextdoor.com)

Aunque estas páginas tratan de temas muy variados y en ocasiones sólo despiertan el interés por proyectos locales, nos sirven de inspiración para poner en marcha páginas web propias en las que hablemos exclusivamente de nuestros proyectos, por muy pequeños que sean.

Pedir donaciones no es nada nuevo y probablemente ya lo estemos haciendo, pero seguro que podemos aprender cosas nuevas de este sistema tan de moda hoy día y aplicarlas a nuestros intereses.


Artículo escrito por Jaime Sánchez-Carpintero